Para esta entrada he elegido un caso mediático de plagio. En este caso, no había becarios a los que echarles la culpa. Antonio Romero Lázaro, después de verse envuelto en el escándalo de las tarjetas black , también fue acusado de plagiar su tesis doctoral. A pesar de las múltiples herramientas que detectan plagios y del hecho de que la amplia mayoría de publicaciones científicas son accesibles a través de internet (y por tanto, más fácil de rastrear y contrastar con otros textos), sorprende que sigan existiendo este tipo de prácticas. El director de su tesis (también envuelto en alguna que otra polémica) afirmó haber adquirido un programa para establecer si su tesis había sido plagiada o no y estableció que tenía un 16% de coincidencias, no llegando al mínimo para ser acusado de ello. Según la normativa de la UNED, universidad por la que estaba haciendo el doctorado, tiene que publicarse parte de la tesis en forma de artículos científicos antes de poder depositarse. Fue uno d...